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| Bombardeo del ejercito israelí en Gaza en 2018 (foto Reuters) |
José Amador Morales (artículo publicado en Mundoclasico)
Sevilla. Teatro imponente de la Maestranza. 14 de Septiembre
de 2018. Samuel
Zyman: Sefarad, para guitarra
y orquesta. Leonard Bernstein: Sinfonía
nº3 “Kaddish”. José María Gallardo, guitarra. Kelley Nassief, soprano. Coro
de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza. Escolanía de Los
Palacios. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Axelrod, director musical.
El primer concierto de abono de esta temporada
de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ofrecía un programa con un hilo
conductor – la música judía - muy traído por los pelos que a la postre trajo
unos resultados artísticos bastante irregulares.
A estas
alturas resulta bastante cansina la receta consistente en ofertar un estreno
concertístico para guitarra y orquesta siempre a cargo del guitarrista
sevillano José María Gallardo. Suelen ser, como es el caso de este Sefarad de Samuel Zyman, obras con un
evidente impacto rítmico y con agradables melodías en un claro afán por
conectar con el espectador. Pero al mismo tiempo se trata de presuntos estrenos
musicales que contienen siempre demasiados lugares comunes y cuyas fórmulas
compositivas nos remiten insistentemente a otras anteriores del género clásico,
popular y hasta cinematográfico que todos tenemos en la memoria. Tampoco ayuda
en ese sentido la versión de Gallardo, en principio un guitarrista con grandes
recursos, que carga las tintas en los efectos aflamencados, un sonido metálico
y monocolor así como un enfoque interpretativo solvente, sí, pero tremendamente
tedioso y poco interesante. Lo mismo puede decirse de las dos propinas
ofertadas, Lorca y Falla con un generoso barniz de cansino flamenquito… Y uno,
apasionado de la guitarra desde el conservatorio, se pregunta si acaso conocen
en esta tierra ese monumento a la música contemporánea y al instrumento en sí
que suponen los conciertos para guitarra y orquesta de Leo Brouwer por citar un
ejemplo significativo, o si no hay más guitarristas de nivel susceptibles de
ser escuchados por el público sevillano. Y puestos a experimentar con el mundo
sinfónico y flamenco es preferible acudir a obras más solventes como las de
Manolo Sanlúcar, Vicente Amigo o Juan Manuel Cañizares. Lo que desde luego ha
quedado claro es que la receta Axelrod-ROSS-Gallardo está agotadísima.
Imponente
resultó la interpretación de la Sinfonía
nº3 “Kaddish” de Leonard Bernstein con un John Axelrod en su salsa (también
lo estuvo en el estreno citado pues el americano disfruta con esas obras tan abundantes
en contrastes rítmicos que rozan lo folclórico), como también alcanzaron una
gran altura tanto la Sinfónica de Sevilla como el coro del Teatro de la
Maestranza y la Escolanía de Los Palacios, así como la participación solista de
la soprano Kelley Nassief.
El problema aquí para quien esto suscribe no fue
desde luego artístico en esta obra a caballo entre la sinfonía, el oratorio y
el Réquiem, sino moral. El cambio del texto original que sustenta la narración
de la sinfonía fue cambiado (no suficientemente justificado ni acreditado,
dicho sea de paso) por la que realizara Samuel Pisar. Este superviviente del
holocausto ofrece un relato con abundantes alusiones directas a lo que viene
siendo el discurso oficial en torno al drama sufrido por los judíos no sólo
durante la Segunda Guerra Mundial sino en otras persecuciones a lo largo de la
historia… La lectura emocionada por parte de su hija y viuda fue realmente
conmovedora en un primer plano; pero quien esto suscribe no dejó de ver en ello
un desagradable y cínico ejercicio de victimismo al recordar la no menos
dramática, sangrante e injusta realidad, aquí convenientemente ninguneada: la
vulneración sistemática de derechos humanos y bombardeos continuos por parte de
un autodenominado gobierno sionista en lo que sin duda es el campo de
concentración más grande que existe en la actualidad, Gaza.















