José Amador Morales (artículo publicado en Codalario)
Salzburgo. Großes Festspielhaus. 20 de Agosto de 2018. Leonard Bernstein:
Sinfonía nº2 “The Age of Anxiety” para
dos pianos y orquesta; Anton Dvorak: Danzas
eslavas op.72; Leos Janacek: Sinfonietta
op.60. Krystian Zimermann, piano. London Symphony Orchestra. Simon Rattle,
director musical.
La gira
que ha consagrado el matrimonio musical entre Simon Rattle y la London Symphony
Orchestra recaló en Salzburgo haciéndose efectiva en dos intensísimos programas
de concierto. Si bien es una relación conocida y cultivada desde hace tiempo
(quien esto suscribe ha tenido la oportunidad de disfrutar de la misma en
sendas visitas en 2016 y 2017 al Festival Internacional de Música y Danza de
Granada), ahora es oficial tras la separación del director británico de los
destinos de una Filarmónica de Berlín que ha dirigido desde hace dieciocho
años.
Ambas
citas han incluido, además, obras y compositores estrechamente vinculados a la
carrera de Rattle. En la primera, el generoso programa se abría con la Sinfonía nº2 de Leonard Bernstein que,
basada en el poema “The Age of Anxiety” de Wystan Hugh Auden y estrenada en
1949 con dedicatoria a Serge Koussevitzky, ofrece un formato a medio camino
entre el poema sinfónico y el concierto con solista. El piano aquí es una
suerte de narrador en solitario (el propio Bernstein llegó a afirmar que en
este instrumento reflejó su propia dimensión individual) en una obra sinfónica
de gran personalidad, dentro del habitual eclecticismo de su autor, que no
rehúye las variaciones, el virtuosismo, el jazz, el tratamiento orquestal al
más amplio nivel ni tampoco el camerístico. Tampoco quedan muy lejos los ecos
de Gershwin, Stravinsky o Copland en una partitura de importante calado
dramático en la que ni siquiera el swing de “The masque” puede considerarse un
superficial divertimento.
Un Krystian Zimermann en plenitud de facultades
ofreció una interpretación entregada y con una evidente química musical tanto con
la orquesta (extraordinario el diálogo-discusión con el piano vertical en el
tramo final) como con un Rattle entusiasta que conoce – y defiende - el estilo
como pocos.
No obstante, tratándose de esto
último es indudable que las Danzas
eslavas de Dvorak son una de sus especialidades a las que vuelve constantemente y de las que
no es inusual que ofrezca interpretaciones fuera de programa en sus conciertos.
En esta ocasión, las comprendidas en el opus 72 fueron destiladas con gran
preciosismo tímbrico y énfasis rítmico pero también con una atinada dosis de
melancolía y un refinamiento al borde del decadentismo.
Tras la brillante y
espectacular coda de la penúltima danza, un “Allegro vivace” en Do mayor, fue
inevitable la vehemente reacción del público al que se dirigió Rattle, con fina
ironía y gran sentido del humor, de esta guisa: “siento decirles que aún queda
una danza más por interpretar”.
La Sinfonietta de Janacek permitió a la London Symphony presumir
nuevamente del poderío impresionante de sus metales (finísimas las once
trompetas que atacaron en pie la fanfarria introductoria), del equilibrio de
unas cuerdas sedosas al tiempo que punzantes así como de unas contundentes
flautas y clarinetes; todo ello en una versión intachable por estilo y por
acertado color eslavo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario