Mostrando entradas con la etiqueta Santander. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santander. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Los músicos cantores de Budapest


José Amador Morales (artículo publicado en Mundoclasico)

Santander. Palacio de Festivales. 25 de Agosto de 2018. George Enescu: “Prélude à l’unisson”, de la Suite nº1 para orquesta piano nº9. Béla Bartók: Música para cuerdas, percusión y celesta. Gustav Mahler: Sinfonía nº4 en Sol mayor. Christina Landshamer, soprano. Budapest Festival Orchestra. Ivan Fischer, director musical. Festival Internacional de Santander.

            El último concierto del Festival de Santander ha contado con la presencia de la Budapest Festival Orchestra junto al que ha sido su fundador y principal director desde hace treinta y cinco años, Ivan Fischer. Como corresponde a una clausura oficial, en la sala del Palacio de Festivales destacaba la presencia de autoridades así como de alguna que otra cara conocida, suponemos que con interés de disfrutar del suculento programa musical que ofrecía la velada.
            El concierto funcionó en sí mismo como un logrado crescendo en cuanto a interés y resultados interpretativos. Algo también conseguido a nivel tímbrico, pues de partida la obra de Enescu, su Prélude à l’unisson, en su neoclásica factura y, como indica su propio título, su tratamiento únicamente horizontal de la música (la única  heterofónica armonía que contiene es la resultante del arpegio), permitió de manera explícita saborear una de las principales bazas – acaso la mayor – de la orquesta húngara: la inmensa calidad de sus cuerdas, de color genuinamente eslavo y tan aceradas como punzantes. Si la obra del compositor rumano puso a prueba las cualidades tímbricas del conjunto, la de Bartok hizo lo propio con las técnicas. Y es que los pizzicati, las polirritmias y el característico diseño antifonal de su Música para cuerdas, percusión y celesta, con una canónica división a dos orquesras como corresponde, fueron afrontados con tanta solvencia como musicalidad. Claro, que también estaba ahí un Iván Fischer que defendió con atinada sobriedad la obra de Enescu como escrupulosidad y transparencia la del húngaro.

            Pero donde realmente Fischer demostró ser un intérprete acreditado y la Budapest Festival Orchestra un instrumento idiomático, fue con la hermosa Sinfonía nº4 aquí servida con un acertado enfoque camerístico sin eludir un sólido preciosismo instrumental. El director aquincense ofreció una lectura de gran personalidad, mostrando una atención infinita a los detalles (como los repentinos sforzandi, crescendi o decrescendi en una misma frase melódica, a veces en un mismo acorde) y un generoso apego por el portamento, aunque nunca unilateral y siempre musical. Tras una bellísima transición hacia el Sehr behaglich, el último movimiento, a menudo tratado como un aria añadida, aquí se constituyó por derecho como el verdadero y lógico clímax de la obra con un tempo ligero afín a la desbordante alegría del texto (recordemos, un canto infantil procedente de "Des Knaben Wunderhorn"). Christina Landshamer compensó con su voz de atractivo color y su elegante fraseo un exiguo registro grave que le impidio dotar a su parte de un mayor calado expresivo.
            Ante el entusiasmo con el que el público recibió la interpretación mahleriana, los músicos húngaros ofrecieron una insólita versión del Laudate Dominun de Mozart en la que ellos mismos cantaban, con aplicada afinación y empaste, mientras tocaban; o lo que es lo mismo, ejerciendo de coro y orquesta a un tiempo e incorporándose la soprano solista en la parte correspondiente. Versión acogida con comprensible vehemencia por parte de los presentes, que redoblaron las aclamaciones.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Glass y Bernstein por Labèque


José Amador Morales (artículo publicado por Mundoclasico)

Santander. Palacio de Festivales. 24 de Agosto de 2018. Philip Glass: The Chase (Orphée and the Princess), Stoke’s Duet, The Poets Acts, Etude nº5, Cuatro movimientos para dos pianos. Leonard Bernstein: West Side Story (arreglo para dos pianos y percusión de Irwin Kostal). Katia Labèque y Marielle Labèque, pianos. Raphael Seguinier, batería. Gonzalo Grau, percusión. Festival Internacional de Santander.

            En su recta final, la presente edición del Festival Internacional de Santander ha acogido la visita de las hermanas Labèque que en esta ocasión ofrecían un interesante “mano a mano” Glass y Bernstein. Desde luego la trayectoria casi mítica del dúo (su propia biografía ya tiene interés en sí misma) unido a lo inhabitual del formato en las salas de conciertos, por más que hayan hecho de su carrera una apasionada cruzada musical contra ello, ya suponían por sí solos un reclamo para la asistencia e indudablemente un aliciente en la programación del festival santanderino.
            Así pues, la primera parte fue dedicada a Philip Glass e incluyó los estrenos en España de The Chase y Stoke’s Duet. La primera pieza, procedente de la ópera Orphée and the Princess, trata de reflejar el tradicional contraste entre vida y muerte que refleja el mito musical por excelencia. De igual origen programático es la segunda, pues está incluida en la banda sonora de Stoker, así como The Poets Acts, compuesta para la película The hours. Esta última fue interpretada en solitario con evidente sensibilidad por Katia Labèque, de la misma forma que Marielle afrontó la versión del Etude nº5. El homenaje a Glass se concluyó con una enérgica versión de Cuatro movimientos para dos pianos, habitual caballo de batalla de las hermanas francesas en sus recitales. En general, lecturas sobradísimas en lo técnico e intachables en lo idiomático de la música del estadounidense (con sus arpegios infinitos y ritmos hipnóticos), aunque no especialmente entusiasmantes y un punto frías en lo expresivo.
            Fue inevitable una mayor conexión con el público en la segunda parte a costa de las popularísimas melodías del West Side Story de Bernstein, afrontadas con espontaneidad, naturalidad y virtuosismo por las Labèque así como por una muy atinada - en su equilibrio - percusión con la que hubo una evidente química musical. Una interpretación que homenajea a Leonard Bernstein en el centenario de su nacimiento con una versión  para dos pianos y percusión que arreglara Irwin Kostal, orquestador original de West Side Story junto a Sid Ramin, expresamente para las hermanas Labèque. Un público que disfrutó con fragmentos ya clásicos como Jet Song, Mambo, María, Tonight o America, este último con unas casi aflamencadas palmas de los percusionistas y que fue bisado ante los continuos aplausos de los asistentes.

martes, 4 de septiembre de 2018

Bruckner amable


José Amador Morales (artículo publicado en Mundoclasico)

Santander. Palacio de Festivales. 23 de Agosto de 2018. Franz Liszt: Concierto para piano nº2 en La Mayor, S.125. Anton Bruckner: Sinfonía nº4 “Romántica” en Mi bemol mayor. Yefim Bronfman, piano. Orquesta Filarmónica de Rotterdam. Yannick Nézet-Séguin, director musical. Festival Internacional de Santander.

            El antepenúltimo concierto de la presente edición del Festival Internacional de Santander suponía, a su vez, la primera escala de la gira que la Filarmónica de Rotterdam ha iniciado en la capital cántabra y con la que se despide el que ha sido su director desde hace diez años, Yannick Nézet-Séguin. Indudablemente un componente emotivo que seguramente estaba detrás del evidente entusiasmo y entrega con los que el canadiense, que no cortará lazos artísticos con el conjunto holandés como confirmó a quien esto suscribe, afrontó tanto el concierto que comentamos como los ensayos preparatorios. 
            Algo parecido podríamos igualmente señalar en torno al ambiente de incuestionable comunión y compromiso, entre músicos y director. Pero ello fue reflejado, más que de ninguna otra manera, en unos resultados musicales de una velada que en este sentido rayó a gran altura.             En primer lugar, un Liszt soberbio cuyo Concierto para piano nº2 tuvo en manos de Yefim Bronfman a un solista de pulsación incisiva e intachable articulación. Capaz de subyugar con seductor fraseo en los pasajes más líricos como de imponerse contundente en el “Marziale” y en la coda fina sin por ello desmerecer sus musicalísimos diálogos con los demás solistas de la orquesta. Esta, espoleada por Nézet-Seguin, supo aprovechar sus momentos de indudable protagonismo, que los tiene en esta obra en bastante mayor medida que otras del género, y conectar expresivamente con Bronfman en una versión de gran intensidad. El pianista nacido en Uzbekistán ofreció una apasionada lectura del Estudio revolucionario de Chopin ante las insistentes aclamaciones del público.


         







             A la vuelta del descanso la Sinfonía nº4 de Bruckner fue servida en una versión de gran belleza sonora y sincera comunicatividad. Para ello Yannick Nézet-Séguin se apoyó en el hermoso sonido de una Filarmónica de Rotterdam al nivel de las más grandes en la que destacó la sedosa cuerda y la impresionante calidad de las maderas, sin desmerecer unos metales compactos y segurísimos. Fue este un Bruckner amable, con claras reminiscencias en su énfasis lírico y melódico a sus fuentes schubertianas más que wagnerianas, y por ello puede que a algunos les pareciera demasiado ligero y poco denso; también en lo expresivo, con un preciosismo tímbrico de indudable autenticidad pero que tal vez se dejó por el camino demasiada verdad dramática y, por ende, expresiva.