José Amador Morales (artículo publicado en Mundoclasico)
Córdoba. Gran Teatro. 27 de Diciembre de 2018. Carl Orff: Carmina Burana (versión escenificada con dos pianos, flauta y
percusión). Carlos Daza, barítono. Amparo Navarro, soprano. Lluís Frigola,
contratenor. Lucía Espinosa, actriz. Coro CB Creatives. César Belda, director
musical. Carlus Padrissa, dirección escénica (La Fura dels Baus).
No añadiremos
mucho más a las citadas apreciaciones de la puesta en escena de Carmina Burana que La Fura dels Baus
representara en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada de 2014.
Una vez más, La Fura es fiel a sí misma en una propuesta escénica que se ajusta
mejor a sus coordenadas expresivas habida cuenta de la esencia más descriptiva
que narrativa de la obra de Orff. La atracción estética de las
videoproyecciones, la audacia de pasajes como la representación de la bacanal o
las ninfas perfumando la platea, las consabidas grúas en escena marca de la
casa … se sucedieron de manera más o menos fluida en un espectáculo globalmente
plausible que, salvo detalles nimios, responde a su concepción original.
En esta gira
que la propia compañía está llevando a cabo a lo largo y ancho de la geografía
española, se hace acompañar de un conjunto instrumental formado básicamente por
dos pianos, flauta y percusión variada. Y he aquí lo decepcionante, por
momentos hasta inadmisible, de la producción. Tanto la publicidad del evento
como el sucinto programa de mano juega al engaño al utilizar el término de
“orquesta”, que en su versión original es probablemente el núcleo del reclamo
espectacular que habitualmente acompaña esta obra; es más, aparecía que la
composición de la música pertenecía a Carl Orff y César Belda – el aquí
director musical – sin ofrecer ni una sola explicación de en qué términos se
basa dicha presunta coautoría.
Desde luego la versión aquí ofrecida excedía con
mucho la célebre reducción para dos pianos y percusión que hiciera Wilhelm
Killmayer, discípulo de Orff muerto hace sólo un año. Además, el coro traído
para la ocasión contó con menos de veinte voces, todas amplificadas (como
cualquier sonido de la representación) y se añadió una introducción con dos
fragmentos inspirados en los carmina medievales (Dianae sumus in fide y Iste
mundus furibundus) de cuyo origen musical nada se dice. La aclaración de
estos datos serían un interesante y saludable aliciente ético, necesario máxime
cuando los precios de las entradas superaron incluso los que se suelen
habilitar para las óperas de producción propia del Gran Teatro cordobés.
El público,
sin duda desconocedor de todos estos pormenores y entresijos de fondo en torno
la versión ofrecida, se dejó seducir ante la belleza plástica de las imágenes
concebidas por la Fura, la corrección de las voces solistas (musicalísimo
Carlos Daza, correcto Lluís Frijola y aceptable, aunque de sonido en exceso
maternal y poco sensual, Amparo Navarro) y una dirección metronómica que
parecía ceder con gusto el protagonismo sonoro a los ingenieros. 

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