José Amador Morales (artículo publicado en Mundoclasico)
Sevilla. Teatro de la Maestranza. 20 de Diciembre de 2018.
Anatoli Liádov: Polonesa para orquesta en
Do mayor, Op. 49; Serguei Rachmaninov:
Rapsodia sobre un tema de Paganini; Piotr Ilich Tchaikovsky: Aria de Lensky (arreglo para flauta de G.Braunstein) y Polonesa, de “Eugenio Oneguin”; Modest
Mussorgski/Rimsky-Korsakov: Introducción y Polonesa, de “Boris Godunov”. Mijáil Glinka: Ruslán y Ludmila, obertura. Piotr Ilich Tchaikovsy: Cascanueces, suite. Tatiana Postnikova, piano. Vicent Morelló
Broseta, flauta. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Axelrod, director
musical.
No siempre contundente y a veces cogido por los pelos, el cuarto concierto de abono de la
presente temporada de la Sinfónica de Sevilla se presentaba bajo el título
“Pasión por Pushkin” al girar el programa - presuntamente - en torno a la
figura del gran escritor ruso. Un programa, dicho sea de paso, variopinto al
tiempo que contundente (duró más de dos horas y media) en el que, eso sí, se
impuso el inefable atractivo de la música rusa.
A nivel interpretativo, lo mollar del concierto estuvo
constituido por las Variaciones sobre un
tema de Paganini en la primera parte así como la suite Cascanueces en la segunda. La pieza de Rachmaninov se abrió paso
tras una - más bien poco lucida - Polonesa
de Liádov (compuesta en memoria de Pushkin) con demasiado ruido y brocha gorda
sonora; algo que afortunadamente no se repitió en el resto de la velada. Para
esta ocasión la pianista de la casa, una Tatiana Postnikova siempre sensible y
musicalísima, convenció y cosechó un éxito tan rotundo como justo. Su pianismo,
más sensible y ligero que virtuosístico o incisivo, se metió paulatinamente al
público en el bolsillo hasta embelesarlo a partir de la celebérrima decimoctava
variación. En agradecimiento, y con tacto y gusto exquisito, la pianista
moscovita regaló un atinado Diciembre
de Tchaikovsky.
La segunda parte se abrió con una selección de piezas
orquestales procedentes de óperas rusas. La única vocal, el sentido aria de
Lensky procedente de la ópera Eugenio
Onegin de Tchaikovsky, se ofreció en la versión para flauta y orquesta de
Guy Braunstein (célebre violinista que fuera concertino de la Filarmónica de
Berlín), aquí bajo la solvente interpretación de Vicent Morelló Broseta, flauta
solista del conjunto sinfónico sevillano, quien ofreció fuera de programa una
interesante lectura de Syrinx, de
Claude Debussy.
El ramillete de obras compuesto por la Polonesa de Tchaikovsky, la homónima de Mussorgsky (procedente de
su ópera Boris Godunov, quien la viera
en el Maestranza…) o la furibunda obertura de Ruslán y Ludmila de Glinka, sirvieron para comprobar una vez más la
impresionante brillantez e intensidad sonoras que consigue extraer John Axelrod
de la Sinfónica de Sevilla. Y de paso, en esa misma línea, poner en bandeja una
preciosa, también por momentos preciosista, versión del Cascanueces de Tchaikovsky, cuyo acertado juego de texturas, entre
la opulencia sinfónica y un sonido casi camerístico, fue de la mano de una
musicalidad exquisita.



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