José Amador Morales (artículo publicado en Mundoclasico)
Málaga. Teatro Cervantes. 26 de Octubre de 2018. Franz Schubert: Sinfonía nº3 en Re mayor, D.200. Anton Bruckner: Sinfonía nº3 en Re menor, Op.74 (versión 1889). Orquesta Filarmónica de Málaga. Antoni Wit, director musical.
Si
hay un compositor clave en la trayectoria de Anton Bruckner ese es sin duda
Franz Schubert. Más allá de la mera admiración de partida, de la influencia a
nivel formativo o de las evidentes concomitancias socioculturales, Schubert
supone para el organista de San Florián su pilar romántico indiscutible (más
robusto aquí que un Beethoven cuyo impacto en Bruckner es más a nivel formal
que de fondo) equivalente al de Bach a nivel contrapuntístico y de desarrollo
compositivo.
De
ahí que sea todo un acierto el hecho convocar a ambos compositores austríacos
en un mismo programa de concierto, en este caso con sus respectivas terceras
sinfonías (recordemos, en el caso de Bruckner, sus dos primeros esbozos
sinfónicos, ninguneados por el propio autor, que se suelen clasificar como
sinfonías 0 y 00). Evidentemente la liviana Sinfonía nº3 de Schubert carece de
la robustez y musculatura orquestal, si se nos permite la expresión, de la
Sinfonía “Wagner” de Bruckner, pero en la velada que comentamos supuso un muy
acertado punto de partida estético y expresivo para adentrarnos en el meollo de
sus fascinantes recovecos y claroscuros. También para un adecuado “engrase”
instrumental e interpretativo de una eficaz Filarmónica de Málaga. Al frente,
un segurísimo Antoni Wit de arcadas tan imponentes como directas, al que tal
vez le sobró un punto de grosor en el pesante sonido (sin duda más en sintonía
con lo que vendría después) y en unas texturas que aún deben mucho a Haydn y
Mozart.
La
dedicatoria de la Sinfonía nº3 a Wagner le valió al bueno de Anton Bruckner,
prácticamente sin comerlo ni beberlo, el encabezar la lista de la facción
prowagneriana de Viena que automáticamente blandió la bandera de su música
frente a la de Brahms, quien acaparaba los mayores éxitos en aquél momento
seguramente por su perfil musical conservador y políticamente correcto. Y por
supuesto ello le valió el rechazo, bien que algo más amable, del que fuera
principal detractor de Richard Wagner en los medios periodísticos, esto es, el
crítico y profesor Edward Hanslick.
Aquí,
la obra encontró en la batuta de Antoni Wit un hábil kapellmeister quien
afrontó con suma inteligencia una versión muy equilibrada; una lectura que fue
a más, estilísticamente intachable y de color tan denso como expresivo en sí
mismo. Esto último sólo encorsetado por la rácana acústica del teatro malagueño
que, por otra parte, también condicionaba la necesaria expansión armónica y
agógica. De tempi moderados, el director polaco destacó el contraste entre el
dramatismo de los movimientos extremos y el lirismo de los centrales,
enfatizando la profundidad expresiva del fraseo melódico y, particularmente, el
aire rústico del ländler del ‘Scherzo’ y del primer tema del último movimiento.


No hay comentarios:
Publicar un comentario