José Amador Morales (artículo publicado en Codalario)
Salzburgo. Haus für Mozart. 15
de Agosto de 2017. Claudio Monteverdi: L’incoronazione
di Poppea. Sonya Yoncheva (Poppea), Kate Lindsey (Nerone), Stéphanie
d’Oustrac (Ottavia), Carlo Vistoli (Ottone), Renato Dolcini (Seneca), Ana
Quintans (Virtù/Drusilla), Marcel Beekman (Nutrice/Famigliare), Dominique Visse
(Arnalta), Lea Desandre (Amore/Valletto), Tamara Banjesevic (Fortuna/Damigella),
Claire Debono (Pallade/Venere), Alessandro Fisher (Lucano/Soldato/Tribuno/
Famigliare), Davic Webb (Liberto/Soldato/ Tribuno), Padraic Rowan (Littore/Console/
Famigliare), Virgile Ancely (Mercurio/Console). Les Arts Florissants. William
Christie, dirección musical. Jan Lauwers, dirección escénica. Academia de Danza
Experimental de Salzburgo.
Nada
más comenzar la representación, en el escenario destaca una alfombra barroca
sobre la cual en primer plano dos leves fosos albergan la orquesta y al fondo
los distintos personajes se preparan para la función. Éstos hacen muecas y gestos
desinhibidos (Poppea enseñando la lengua cual Miley Cirus una y otra vez) a una
cámara cuyas imágenes son mostradas en tiempo real al público; parece que hoy
día no puede faltar una buena videoproyección en toda producción “moderna” que
se precie. Afortunadamente, el experimento audiovisual se queda ahí y no es
retomado posteriormente, aunque si perdura esa idea de permanente diálogo entre
el presunto “backstage” al fondo del escenario y la actuación en primer plano.
Durante el resto de la
representación asistimos a un espectáculo (performance
sería la palabra adecuada) en el que la danza experimental, el canto y el
teatro pretenden ir de la mano. Cuando lo consiguen, el efecto es
extraordinario; sin embargo, las continuas y muy expresionistas coreografías de
cuerpos semidesnudos o desnudos a menudo saturan e incluso enturbian y distraen
la acción dramática. El bailarín (bailarines, pues se turnan sin solución de
continuidad en este cometido) que durante toda la representación gira sobre sí
mismo en el centro del escenario seguramente simbolizando el destino implacable
y/o la finitud temporal, también logra en no pocas ocasiones el
contraproducente efecto de marear al espectador. En cualquier caso, a nivel
global el resultado es satisfactorio pues desprende buenas dosis de
naturalidad, humor y sensualidad.
La
orquesta, que no llegaba a los veinte componentes, también forma parte de este
teatro pues participa mirando decididamente lo que sucede, dando cobijo a
cantantes o bailarines que interactúan con los músicos e incluso utilizando
complementos y parte del atrezzo. William Christie desde el clavicémbalo
ofreció una lectura quizá algo menos dramática de lo habitual pero
musicalísima, de gran ligereza y lirismo en el tratamiento melódico. Un consistente
bajo continuo (extraordinaria también la thiorba) que al mismo tiempo a su vez
otorgó un extraordinario margen de libertad interpretativa a los cantantes.
Sonya
Yoncheva plegó su imponente instrumento, y de qué manera, a las sutilezas
expresivas de su parte demostrando que le iba como un guante a su perfil
interpretativo. Una Poppea poderosamente sensual y con altas dotes de seducción
tanto musical como teatral. Fue evidente su enorme química con una Kate Lindsey
que debutaba como Nerone al que dotó de su precioso timbre y fraseo de calidad,
sólo afeado por pasajeras nasalidades tal vez producto de un histrionismo mal
entendido. Muy expresiva Stéphanie d'Oustrac como Ottavia, quien logró conmover
- como corresponde - en un
extraordinario y dramático "Addio Roma". Y también excelente la
Drusila de Ana Quintans, que también hizo el personaje inicial de Virtù,
combinando musicalidad y canto extrovertido.
Por
su parte, Renato Dolcini compuso un Séneca demasiado discreto vocal y
expresivamente si bien de evidente adecuación estilística; algo similar
podríamos decir del Ottone de Carlo Vistoli, aunque en este caso tuvo problemas
para hacerse escuchar habida cuenta del precario volumen de su voz; tampoco pareció
muy convincente su recreación del atribulado y a la postre perdedor personaje.


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