José Amador Morales (artículo publicado en Codalario)
Sevilla. Teatro de la Maestranza. 2 de Diciembre de 2018. Ernst Krenek:
Der Diktator. Viktor Ullmann: Der kaiser von Atlantis (orquestación de
Pedro Halffter). Martin Gantner (El dictador/El emperador Overall), Nicola
Beller Carbone (María/El Tambor Mayor), Natalia Labourdette
(Charlotte/Bubikopf), Vicente Ombuena (El oficial/Un soldado), David Lagares
(El altoparlante), Sava Vemic (La Muerte), José Luis Sola (Arlequín). Real
Orquesta Sinfónica de Sevilla. Pedro Halffter, dirección musical. Rafael
Rodríguez Villalobos, dirección escénica Der
Diktator. Gustavo Tambascio, dirección escénica Der kaiser von Atlantis (Rafael Rodríguez Villalobos, dirección de
la reposición). Producción del Teatro de la Maestranza de Sevilla (Der Diktator). Coproducción del Teatro
Real de Madrid, Palau Les Arts de Valencia y Teatro de la Maestranza de Sevilla
(Der kaiser von Atlantis).
Dentro de la programación algo tópica y
reiterativa de la presente temporada (Lucia
di Lammermoor, Il trovatore, Andrea Chénier…), en línea con las
precedentes, el Teatro de la Maestranza ha apostado por el otro extremo y
representar en una sola función sendos títulos algo más exóticos pertenecientes
a la llamada “Entartete Musik” o “Música degenerada”. Un extremo muy
interesante, qué duda cabe, y que recuerda mucho la experiencia de la puesta en
escena de Der König Kandaules de
Alexander von Zemlinsky hace dos años y medio en el mismo escenario, a medio
camino entre el interés artístico y el titular mediático. Entre ambos extremos
siguen esperando una cantidad demasiado grande de títulos (Lady Macbeth di Mtsensk, Peter Grimes, The Rake’s progress, El castillo
de Barbazul, Jenufa, etc) y no sólo
contemporáneos o del siglo XX (Boris
Godunov, La forza del destino, Rusalka, Il trittico, Idomeneo, Alcina,
etc…) que aún no se han visto en el Teatro de la Maestranza desde su
inauguración hace ahora veintiocho años.
En este
caso la breve ópera Der Diktator de
Ernst Krenek, de apenas media hora de duración, presenta un fluido desarrollo
teatral no exento de gran carga caricaturesca, también perceptible en lo
musical. Su representación sevillana ha supuesto el estreno español de esta
obra noventa años después de su primera interpretación en Wiesbaden junto a otras
dos pequeñas óperas del compositor austríaco: Das geheime Königreich y Schwergewicht.
Inspirada en la figura de Mussolini, aunque también con reminiscencias
inequívocas a la de Hitler, en esta ocasión la propuesta de Rafael Rodríguez
Villalobos nos presentaba, con gran habilidad, una suerte de Donald Trump
sediento de poder y astuto dominador de
mujeres, bajo la cual se escondía una sutil y lograda dirección de actores.
Sin solución de continuidad, se
representó Der kaiser von Atlantis de
Viktor Ullmann, más lineal, oratorial y satírica que la anterior, en la aceptable
y ágil propuesta escénica del recientemente desaparecido Gustavo Tambascio. Y,
musicalmente, en la versión sinfónica de Pedro Halffter, todo lo estudiada e
idiomática que se quiera, sí, pero bastante lejos de la que se escuchó en el
campo de concentración de Theresienstadt, en la actual República Checa, y en
ese sentido una oportunidad perdida. Por allí pasaron músicos y compositores
posteriormente asesinados como Elkan Bauer, Rudolf Karel, Heinz Alt, Pavel
Haas, Gideon Klein, Hans Krása, además del propio Viktor Ullmann (también
Esther Adolfine Freud, la hermana de Siegmund Freud), y supervivientes como el
célebre director Karel Ančerl o la pianista Alice Herz-Sommer recientemente
fallecida a sus casi 111 años de edad. Ullmann compuso una ópera con los
recursos humanos de los que disponía, trece músicos, dando como resultado una
sonoridad camerística consustancial a la misma. De esta forma, aunque llegó a
ensayarse en el campo de Therensienstadt, la obra no se estrenó formalmente
hasta 1975 en Amsterdam. En cualquier caso, esta versión sevillana orquestada
por Halffter y estrenada en 2016 en el Teatro Real de Madrid (ver crítica correspondiente aquí), puede que sea plausible y hasta aseada musicalmente, con sus arreglos –
también de Halffter – de otras obras de Ullmann intercalados a manera de
preludio, pero no responde a esa
realidad histórica que, por otra parte, se ha utilizado como reclamo.
Vocalmente destacó el
convincente Martin Gantner, de importante instrumento pese a un registro agudo
en exceso claro, convenientemente histriónico como dictador y más introspectivo
como emperador Overall (extraordinario su monólogo final). El barítono alemán compartió
triunfo con la fantástica Nicola Beller Carbone, que ya demostró su adecuación
vocal y expresividad en este tipo de repertorio en Der König Kandaules sobre el mismo escenario en 2016, y que aquí
recreó excelentemente y con acertados tintes dramáticos la María de la obra de
Krenek y más líricos en El Tambor Mayor en la de Ullmann: en ambos casos, la
cantante alemana derrochó una presencia escénica tan caleidoscópica como impresionante.
Por su parte Natalia Labourdette volvió a reivindicarse en el Maestranza tras
su fantástica Nannetta de la temporada anterior, con unas intachables Charlotte
y Bubikopf en lo vocal y en lo escénico. No fue así el caso de Sava Vemic en el
importantísimo papel de La Muerte en El
emperador de la Atlántida; su falta de apoyo vocal le llevó a ofrecer
demasiados sonidos calantes y sólo en el registro grave pareció encontrar un
fraseo natural. Muy bien el resto de cantantes, de depurada profesionalidad y
entrega en el caso de Vicente Ombuena, David Lagares y José Luis Sola.
La
Sinfónica de Sevilla ofreció, si no un sonido especialmente suntuoso, sí
suficiente bajo la dirección de un entregado Pedro Halffter, algo más sutil de
lo acostumbrado. No obstante, y al igual que sucediera con la ya comentada obra
de Zemlinsky, y en gran parte con su Wagner, uno queda con la sensación de que
se deja por el camino demasiadas vetas expresivas y dramáticas.



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